Caminata T-Bone


Hoy tenía espíritu de viernes.
La voz de T-Bone borboteaba en los auriculares... Los rayos del sol de mediodía cortaban a pique las sombras de los árboles… Y yo respiraba profundo, para lograr capturar esa milésima de conciencia que marcaba la señal de “estoy viva”.
Hoy tenía espíritu de viernes.
Quiero decir, espíritu de chancletas a la rastra, de silbando bajito, de sonrisa estampada.
Tenía, digo, porque ahora se esfumó. Cuando volví a mirar para allá-abajo-bien-adentro caí en la cuenta de que había desaparecido.
No sé qué pasó. Me distraje, lo más seguro. Desvié mi atención hacia alguna zonzería incongruente y aprovechó para rajarse.
Y bueno...
Ojalá no tenga que esperar otra semana…

SHOW TIME



No, no, no, y no. No pienso parar, no insistan con el sonsonete: que si canto demasiado grosso, que si les hago sombra, que si me llevo todo el público, que si soy demasiado histriónica, que si mi banda les rompe el... a todos, que blablabla! NO! No pienso detenerme. Seguiré haciendo giras por todos los países del tercer mundo, ganando grammys, y vendiendo discos por miles de millones. Si a ustedes no les sale... JODANSE!

BLUES SIN FRONTERAS












Una fiesta en el IFT, que tuvo a un grande del género sobre el escenario: Duke Robillard.

Por alejandra herren

Siempre se dice que la música derriba todo tipo de barreras y divisiones. Y aunque puede parecer un lugar común, hay ocasiones en las que deja de ser un mero enunciado retórico para transformarse en un hecho contante y sonante.
Eso precisamente sucedió en la noche del viernes último sobre el escenario del teatro IFT.
Uno de los grandes estilistas de la guitarra de los Estados Unidos, Duke Robillard, pasó por Buenos Aires y fue el eje en torno del cual giraron los músicos y la música, única vedette de estos acontecimientos.
Cantante, compositor y productor, además de un estudioso casi antropológico de las posibillidades de la guitarra, Duke Robillard, bluesman de la costa Este estadounidense, se ha hecho acreedor en los últimos años de numerosos reconocimientos: en 2006 ganó el Grammy al mejor album de blues por su "Guitar Groove-A-Rama"; en 2007 se le entregó el Rhode Island Pell Award a la excelencia artística, y el periodismo especializado suele llamarlo de maneras tan absolutas como "uno de los dioses de la guitarra". Todos estos méritos han despertado en él una única pregunta, que hace honor a su modestia y perfil bajo: "¿Me lo merezco?"
Verlo tocar sobre el escenario confirma que la respuesta es afirmativa.

On stage
Con la producción de Ricardo Muñoz, la fiesta se armó desde las 22, cuando arrancó la sexy y efervescente ex Blacanblús Cristina Dall & Excipientes (Leo Leonardi en batería; Matías Cipiliano en guitarra y Mauro Ceriello en bajo), que hizo levantar temperatura a una audiencia muy bien predispuesta con sus propios temas y un final a todo "Got My Mojo Working".
Luego llegó el turno de uno de los grandes guitarristas de blues de este país que ofició como anfitrión, Daniel Raffo, con su banda, la King Size (festejaron, de paso, los 20 años de la formación): Mauro Diana en bajo, Nicolás Raffeta en teclados, Patricio Raffo en batería. Liderados por el virtuosismo de Raffo abrieron el segundo set con un instrumental de BB King, "My Mood". A la banda se sumaron más tarde dos invitados especiales: Ricardo Tapia (cantante de la Mississipi) y el armoniquista Luis Robinson, con los que desgranaron algunos clásicos del blues estadounidense y local, cuyo broche final fue el "Longchamp Boogie" de Pappo.
Pero todo finalmente estalló cuando Robillard pisó el escenario y el público pudo apreciar en vivo aquello que admiraba en las grabaciones.
Dueño de una gama de coloraturas que no conoce fronteras y de un virtuosismo apoyado en la acentuación expresiva y en la profundidad, Robillard maravilló al público de Buenos Aires y la música desdibujó separaciones culturales para convertirse en un lenguaje común. A los riffs, escalas, contrapuntos, finísimos solos y el canto sentido de Robillard se sumó en un momento la experiencia del saxofonista Enrique Varela, con la que el gran músico estaounidense dialogó con fluidez y alegría en una jam de improvisación en swing.
Con composiciones propias y algunos clásicos ("Do the Memphis Grind"; "Gee I Whiz";
"Gonna Get You Told"; "Stickin' With You"; "My Tears ", entre otros), la visita de Duke Robillard dejó un excelente sabor de boca tanto en quienes se dieron el gusto de acompañarlo en escena como en los que, sentados en sus butacas, gritaron, hicieron palmas y ovacionaron de pie a este hombre sencillo, músico gigante.
"Para mí –dijo en una entrevista- siempre ha sido divertido tocar todas las bases, todos los estilos, mezclarlos y ponerles mi propia impronta. Eso es lo que me ha mantenido excitado con la música a lo largo de los años. Y es un camino que nunca termina."
Y, evidentemente, nadie lo hace como él.

UN POCO DE HISTORIA PERSONAL
Inspirado en leyendas del blues como T-Bone Walker, Charlie Patton y Big Joe Turner, el trabajo de Duke Robillard ha abarcado la perfección en el mundo del blues, jazz y el swing desde que fundó la legendaria agrupación The Roomful of Blues en 1967.
Desde 1980, Duke ha grabado 20 álbumes como solista y ha recibido numerosos premios en el nivel mundial.
Sus incesantes giras por todo el mundo, tanto con su propia banda, como sustituto de Jimmie Vaughan en The Fabulous Thunderbirds, y más recientemente junto con Tom Waits, le han dado este reconocimiento a lo largo de los años.
Además de sus propias grabaciones, Duke se ha desempeñado como guitarrista y como productor, produciendo álbumes de músicos como Bob Dylan (ganador del Grammy 1997), Ruth Brown, Johnny Adams, Kim Wilson, Jay McShann, Pinetop Perkins, John Hammond, Jimmy Witherspoon, Roscoe Gordon, Billy Boy Arnold, Snooky Pryor, entre otros.
Denominado como "uno de los mejores guitarristas" por el maestro BB King, Robillard es reconocido por su buen gusto y versatilidad al interpretar los estilos del blues y del swing.

Otro poema mío, sin nombre: acepto propuestas de título

Humo negro,
la tristeza apenas se diluye...
Vas y venís, como ella,
revoloteando en mis contornos.
Hablo y hablo y hablo
como si no sintiera ese calor
sobre la piel tapada...
Aprieta, suave, cálida,
sobre mi superficie,
tu mano,
casi involuntaria,
apenas real,
va y viene,
ir y venir,
la sensación que acrecienta el deseo
donde no estaba antes,
y ahora se queda,
se instala,
se apodera.
No puedo ver,
ni quiero.
Siento.

Para qué


Hoy no puedo escribir ni una palabra.
Me suenan huecas.
Reverberan en las cavernas del vacío,
rebotan contra las paredes de mi cárcel,
me golpean la cara, carentes de sentido,
estúpidas, hueras, tontas palabras
que nunca escribiré porque no quiero.
No tienen vida ni destino.
Se hilvanan solas unas con otras
para no formar nada.
La musicalidad las ha dejado abandonadas,
sin razones ni símbolos,
y deambulan por los intersticios,
por los agujeros,
por las curvas,
unas tras otras,
pegaditas de miedo.
No las quiero escribir.
No. Porque no.
No me gustan.
No son nada.
Son apenas palabras.
Sueltas.
Huecas.
Tontas.
Vacías.
Para qué...

Comunidad Zulú, Ceremonia de Invocación de Ancestros


El año pasado tuve el privilegio de ir al Africa. Era un viejo sueño sin cumplir. Estuve en Tanzania y en Sudáfrica, cerca de Durban, sobre el océano Indico, en las tres comunidades zulúes que ocupan un territorio denominado Zululand. Este fue un regalo inesperado. Fui invitada a una ceremonia de invocación de ancestros. La "hechicera-vidente-curandera", a la que se la el título de Zangoma, se llamaba Gumede. Pueden verla en la foto. El cargo de Zangoma siempre es ostentado por una mujer. La Zangoma tiene, entre otras tareas, la de entrenar a aquellas mujeres en las que vea condiciones naturales. Desde aquí, un abrazo fraterno a los hermanos zulúes, que me abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones.

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Era yo

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